No se trata solo de relanzar la economía europea, sino de transformarla

Raymond Van Ermen, director de la organización European Partners for the Environment (EPE)


 

Tras el Acuerdo de París alcanzado en 2015, y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), las elecciones celebradas en distintos países (elección de Trump, etc), hicieron perder la esperanza de avanzar suficientemente rápido en los compromisos para afrontar los riesgos asociados a los límites planetarios. Se llegó a la convicción de que no se conseguiría progresar sin un salto hacia delante de las conciencias –como proponía sobre todo Naomi Klein– aunque esto parecía una dulce utopía.

Después llegó el movimiento de los jóvenes por el clima y ahora el Covid-19. De pronto, ante la amenaza, este salto parece posible. ¿Será planetario? Podemos esperarlo, aunque es demasiado pronto para medir el impacto del Covid-19 a esa escala. La solidaridad es la condición de la resiliencia.

Sin embargo, sería muy peligroso ignorar el riesgo de caos. La dolorosa experiencia de 2008 y de los años posteriores está ahí para recordárnoslo: las emisiones de CO2 se dispararon, las desigualdades se hicieron más profundas y la Unión Europea perdió 10 años –así se reconoció dentro de la Comisión Europea– antes de que las finanzas sostenibles fueran parte de una estrategia de Bruselas. Sin embargo, las finanzas son la primera ficha del dominó.

La Unión Europea dispone de un marco que debe servir como base para un gran plan de recuperación económica en el después del Covid-19, sobre todo en la lucha contra el desempleo y para las infraestructuras de salud. Sin embargo, se corre un alto riesgo de que la urgencia nos lleve a relanzar la economía de cualquier manera. En este contexto, y tomando como referencia la experiencia de 2008, es fundamental disponer de los medios necesarios para asegurarse de que los fondos públicos tras el Covid-19 contribuyan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible como pilar de un nuevo contrato social. España lo ha entendido bien. La enorme ventaja de tomar la Agenda 2030 adoptada en 2015 como base es no perderse en una negociación sobre los objetivos. No tenemos tiempo. Pero hay mucho que hacer para alcanzar estos 17 objetivos, y España es uno de los países líderes a escala europea.  

Para ello hay que dotarse muy rápidamente de nuevas herramientas de gestión sistémica de los fondos de la UE y de innovación social para dar un salto hacia delante que genere más resiliencia y bienestar. En el escenario posterior a esta crisis necesitamos un plan a diez años para movilizar fondos europeos y también movilización ciudadana. Para ello se requieren nuevos dispositivos con un enfoque sistémico que permita abarcar varios retos a la vez. Aquí lo resumimos en seis transformaciones propuestas por la OCDE:

No se trata de adoptar planes para relanzar la economía, sino para transformarla a nivel europeo, nacional, regional y local. Tal y como ha pedido la alianza ‘Green Recovery Aliance’, el Green New Deal europeo debería servir de marco para esta transformación; y las ayudas a los sectores en crisis por el Covid-19 deben recompensar a los más avanzados en el desarrollo sostenible, condicionando el apoyo financiero de los paquetes de estímulo.

¿Cómo deberían ser estos estímulos en la práctica? Aquí lanzamos algunas sugerencias:

  • Condicionar las ayudas económicas a las aerolíneas, el transporte marítimo y los cruceros a objetivos de reducción de emisiones.
  • A medida que los países establezcan fondos de salud nacionales, orientar los cuidados de salud secundarios a las comunidades con menos ingresos y mejorar la gestión de residuos médicos dentro de las fronteras nacionales.
  • Exigir al sector automóvil que refuerce la movilidad sostenible.
  • Pedir a los bancos un aumento de los préstamos a las empresas sostenibles mediante créditos verdes.
  • Asegurar que el gasto en infraestructuras esté ligado al diseño sostenible, la eficiencia energética, la reducción de residuos y la innovación tecnológica verde.
  • Aplicar pagos directos a los agricultores según sus resultados en agua limpia y en aumento de la biodiversidad.
  • Prohibir a todos los actores del mercado destinar el dinero de los paquetes de estímulo a comprar bonos emitidos por las empresas de energías fósiles.

También necesitamos ser mucho más eficaces en el seguimiento de nuestros compromisos, de nuestros valores, de nuestros derechos fundamentales y de la propia democracia ante las derivas en determinados Estados miembros, así como ante el control de nuestras vidas en la era digital.

Por ello, estamos trabajando en un proyecto blockchain para seguir el uso de los fondos dispuestos por los poderes públicos en Europa para relanzar la economía, el Green New Deal y la Política Agrícola Común. Se trata de crear un nuevo espacio de innovación para gestionar mejor los compromisos y los riesgos, como la amenaza sobre el clima y la biodiversidad y su impacto en las pandemias. Esto es algo que abordaremos durante la celebración de Conama en noviembre de 2020.