Un nuevo relato para construir una nueva civilización

Fernando Prats es arquitecto, miembro del Foro Transiciones, Fundación Renovables, Futuro Alternativo y coautor de La Gran Encrucijada


 

Conviene asumir cuanto antes una visión del Antropoceno como un escenario modelado por la coexistencia de crisis globales interrelacionadas. Indudablemente, ese planteamiento abre una nueva perspectiva crítica de alcance civilizatorio que incide sobre múltiples aspectos e invita a extraer algunas enseñanzas del Covid-19 (por acción u omisión) con relación a otras crisis globales que, como el cambio climático o la desestabilización de los sistemas naturales, ya están proyectándose sobre el planeta en procesos temporales más amplios.

Lo que ya sabíamos pero nos resistimos a asumir 

 

Vivimos de espaldas a las múltiples amenazas derivadas del desbordamiento de los límites de la biosfera; no somos conscientes de que está en juego la vida. Existen reiterados llamamientos del mundo científico al respecto – también los relacionados con las infecciones por agentes patógenos – que están siendo desoídas. Vivimos en  sociedades confiadas en que una buena combinación de mercados y tecnociencia, garantizan nuestra existencia ante cualquier consecuencia de la acción humana.  

El carácter crítico del Antropoceno cuestiona los paradigmas vigentes y plantea   encrucijadas éticas de envergadura. Estas crisis, además de cuestionar la vigencia de los paradigmas civilizatorios vigentes – acumulación y consumo ilimitados en un planeta finito – plantean encrucijadas éticas y políticas de calado durante y después de la crisis. Así, se han abierto debates en torno al valor de la vida con relación a la economía, las contradicciones entre derechos individuales y colectivos o el reparto de costes y oportunidades entre generaciones, países, grupos sociales, de género, etc.

Afrontar el Antropoceno y sus crisis globales requiere un amplio pacto de Estado, estrategias de país, soporte científico, información veraz y sociedad civil activa. La mayor unidad en el liderazgo político y social al servicio del bien común, basada en la mejor ciencia disponible, amplias campañas de información veraces y en la cooperación activa de la ciudadanía y el universo empresarial, constituyen factores imprescindibles para consolidar una opinión capaz de afrontar decididamente las crisis en democracia.

Qué podemos aprender de la crisis del Covid-19

 

La dimensión y complejidad de las crisis globales requieren instrumentar democráticamente Estados de Emergencia acompañados de estrategias adecuadas. El Covid-19 confirma que el establecimiento de Estados de Alarma, Emergencia, etc, por tiempos limitados, renovables y según procedimientos democráticos, constituyen instrumentos necesarios para dotar a las instituciones de competencias extraordinarias y de estrategias de acción cooperativas para reconducir las crisis.

Se constata que la reducción del ritmo en la economía genera, a la vez, problemas sociales de envergadura y una mejora significativa del grave deterioro del planeta. Las medidas de contención de la economía inducida por Covid-19, amenaza con provocar una recesión económica con altos índices de paro temporal, pero, a la vez, está repercutiendo muy positivamente sobre la recuperación de los principales indicadores que informan sobre la salud de un planeta al borde del colapso. Una compleja contradicción sobre la que trabajar a fondo.

La experiencia del Covid-19, apunta a la utilización de una prudente combinación de anticipación, saberes tradicionales y nuevas tecnologías bajo exigentes garantías democráticas. Junto a la pugna por anticiparse a los acontecimientos, dicha experiencia, apunta a la utilización de medidas tradicionales, como el confinamiento, complementadas por tecnologías de la información y datos, como los test y gestión digital grupal/personalizada, siempre que estas últimas se desarrollen bajo control y límites democráticos, respeten derechos fundamentales y se vuelva a la normalidad una vez superada la crisis.

Ante amenazas existenciales, incluso frente al miedo, una ciudadanía bien informada es capaz de asumir voluntariamente cambios de vida sustanciales. Dadas las condiciones, la experiencia del Covid-19 muestra la capacidad de la ciudadanía de las sociedades democráticas para asumir voluntariamente cambios de calado inmediatos en sus formas de vida, incluidos confinamientos temporales. Junto a actuaciones ejemplares por parte de empresas, también se producen inadmisibles abusos para favorecer intereses corporativos.

El Covid-19 confirma que el condicionamiento social tiene una gran incidencia sobre la salud de las personas y colectivos sociales. Tal confirmación se expresa tanto en relación a quienes están asumiendo los riegos de mantener los servicios básicos (en condiciones precarias en muchos casos) como en la forma en que las diferencias sociales inciden en el acceso a sistemas sanitarios preventivos y curativos. Además del sector sanitario y de los servicios básicos, las poblaciones y minorías menos favorecidas son los que están asumiendo los mayores costes de salud de la pandemia.  

La lucha por la preservación de la vida favorece la emergencia de valores contraculturales con fuerte raíz comunitaria. La lucha contra el coronavirus ha destapado la emergencia de valores contraculturales relacionados con la preservación de la vida, la preeminencia de lo público, los servicios y el comportamiento ejemplar de colectivos clave (sanitarios, logísticos, alimentarios, servicios básicos, etc.) y de redes comunitarias nacidas al calor del cuidado y la solidaridad.

Algunas conclusiones provisionales 

 

Puede concluirse que afrontar las crisis globales como el Covid-19 exige contemplar su ciclo de vida y sus interrelaciones con otras perturbaciones que ya están operando en el planeta. Y, más allá de la especificidad de cada crisis, es necesario considerar sus interrelaciones, sus tratamientos y las acciones posteriores, para poder implementar respuestas adecuadas a todos los niveles (global, nacional y regional/local) y sinérgicas con otros desafíos clave del sistema mundo, como el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.

En esa línea, puede decirse que la gran tarea pendiente del Antropoceno es la de alumbrar un proyecto transformador de calado civilizatorio que, anclado en una conciencia crítica de especie, se centre en la preservación de la viday la dignidad de las personas. En un marco que se desliza hacia escenarios en los que las crisis regionales y globales crecen y se refuerzan, es necesario dotarse de visiones y hojas de ruta que permitan renovar el proyecto civilizatorio. Y, en ese sentido, las acciones pos-pandemia del Covit 19, han de inscribirse en agendas de cambio que, respetando la democracia, nos permitan vivir saludablemente, con justicia y dentro de los límites de la biosfera, con economías y bioterritorios reslientes, bajos en carbono y ricos en biodiversidad. 

 

Foto: José Luis Blanco Gómez, Wikipedia